¿POR QUÉ TARDAN TANTO EN EL BAÑO?

TOCADOR DEL INFIERNO

   -Es un pendejo, tenías razón…

   Por correo me llegó esta amena nota. Es como todo en esta vida, tras su sencillez se oculta el conocimiento de causas, y aunque reí mucho, la verdad que sonaba aterrador. También explica, realmente, por qué las féminas tardan tanto en el baño, y de paso por qué muchas van en grupo; contrariando lo que dice El Conde del Guachado (humorista venezolano caído un poco en desgracia), quien sostiene que van en grupo para hablar de los hombres con los que salieron para hacer un acomodo de última hora, “ese para ti y el otro para mí”. Haciendo chistes del detalle que siempre se ponen de pie dos o tres en una mesa para ir a un tiempo, sostiene El Conde un imaginario dialogo entre ellas: “Manita, vamos al baño”; “No tengo ganas”; “No importa, por el camino te dan”. Antes de decir nada más, leamos la nota:

¿Por qué las mujeres estamos tanto tiempo en un baño?

   El gran secreto de todas las mujeres respecto a los baños es que de chiquita tu mamá te llevaba al baño, te enseñaba a limpiar la tapa del inodoro con papel higiénico y luego ponía tiras de papel cuidadosamente en el perímetro de la taza.  

   Finalmente te instruía: ‘Nunca, nunca te sientes en un baño público’. Y luego te mostraba ‘la posición’ que consiste en balancearte sobre el inodoro en una posición de sentarse sin que tu cuerpo haga contacto con la taza.  

   ‘La Posición’ es una de las primeras lecciones de vida de una niña, súper importante y necesaria, nos ha de acompañar durante el resto de nuestras vidas. Pero aún hoy en nuestros años adultos, ‘la posición’ es dolorosamente difícil de mantener cuando tu vejiga está a punto de reventar.

   Cuando TIENES que ir a un baño público, te encuentras con una cola de mujeres que te hace pensar que dentro está Brad Pitt. Así que te resignas a esperar, sonriendo amablemente a las demás mujeres que también están discretamente cruzando piernas y brazos en la posición oficial de ‘me estoy meando’.

   Finalmente te toca a ti, si no llega la típica mamá con ‘la nenita que no se puede aguantar más’. Entonces verificas cada cubículo por debajo para ver si no hay piernas. Todos están ocupados. Finalmente uno se abre y te lanzas casi tirando a la persona que va saliendo. Entras y te das cuenta de que el picaporte no funciona (nunca funciona); no importa…

   Cuelgas el bolso del gancho que hay en la puerta, y si no hay gancho (nunca hay gancho), inspeccionas la zona, el suelo esta lleno de líquidos indefinidos y no te atreves a dejarlo ahí, así que te lo cuelgas del cuello mientras miras como se balancea debajo tuyo, sin contar que te desnuca la correa, porque el bolso está lleno de pelotudeces que fuiste metiendo dentro, la mayoría de las cuales no usas, pero que las tienes por si acaso…

   Pero volviendo a la puerta… Como no tiene picaporte, la única opción es sostenerla con una mano, mientras que con la otra de un tirón te bajas la bombacha y te pones en ‘la posición’… Alivio… AAhhhhhh… por fin… Ahí es cuando tus muslos empiezan a temblar… Porque estás suspendida en el aire, con las piernas flexionadas, los calzones cortándote la circulación de los muslos, el brazo extendido haciendo fuerza contra la puerta y un bolso de 5 kilogramos colgando de tu cuello.

   Te encantaría sentarte, pero no tuviste tiempo de limpiar la taza. Ni la cubriste con papel, interiormente crees que no pasaría nada pero la voz de tu madre retumba en tu cabeza ‘¡¡jamás te sientes en un inodoro público!!’, así que te quedas en ‘la posición’ con el tembleque de piernas…

   Y por un fallo de cálculo en las distancias una salpicada finíiiiiisima del chorro te salpica en tu propio culo ¡¡¡y te moja hasta las medias!!! Con suerte no te mojas tus propios zapatos, y es que adoptar ‘la posición’ requiere una gran concentración.

   Para alejar de tu mente esa desgracia, buscas el rollo de papel higiénico peroooo, ¡la puuuuuuuuta…! ¡El rollo esta vacío…! (siempre). Entonces suplicas al cielo que entre los 5 kilos de cachivaches que llevas en el bolso haya un miserable kleenex, pero para buscar en tu bolso tienes que soltar la puerta. Dudas un momento, pero no hay más remedio… Y en cuanto la sueltas, alguien la empuja y tú tienes que frenar con un movimiento rápido y brusco,
mientras gritas ¡¡¡OCUPAAADOOOO!!!

    Ahí das por hecho que todas las que esperan en el exterior escucharon tu mensaje y ya podes soltar la puerta sin miedo, nadie intentará abrirla de nuevo (en eso las mujeres nos respetamos mucho) y te pones a buscar tu kleenex sin agobios, te gustaría usar todos pero sabes lo valiosos que son en casos similares
y te guardas uno por si acaso.

   Ahí ya vas contando los segundos que te quedan para salir de ahí, transpirando porque llevas el abrigo puesto ya que no hay perchero, y es increíble el calor que hace en esos sitios tan pequeños y en esa posición de fuerza en la que continuas, con los gemelos a punto de estallar.

    Sin contar el garrón del portazo, el desnuque con la correa del bolso, el sudor que corre por tu frente, la salpicada del chorro en las piernas… El recuerdo de tu mamá que estaría avergonzadísima si te viera así; porque su culo nunca tocó el asiento de un baño público, porque francamente, ‘sabe Dios qué enfermedades podrías agarrarte ahí’.

   …Estás exhausta, cuando te paras ya no sientes las piernas, te acomodas la ropa rapidísimo y tiras la cadena ¡sobretodo! Entonces vas al lavamanos. Todo está lleno de agua así que no puedes soltar el bolso ni un segundo, te lo cuelgas al hombro; no sabes cómo funciona la canilla con los sensores automáticos, así que tocas hasta que sale un chorrito de agua fresca, y consigues jabón, te lavas en una posición de jorobado de Notredame para que no se resbale el bolso y quede debajo del chorro…

   El secador ni lo usas, es un trasto inútil, así que terminas secándote las manos en tus pantalones, porque no pensarás gastar tu kleenex para eso y sales… Tendrás suerte si no se te pego un pedazo de papel higiénico al zapato y lo vas arrastrando, o peor, con la falda arremangada enganchada por las medias que te subiste a la velocidad de la luz, ¡mostrando todo el culo!

   En este momento ves a tu chico que entró y salió del baño de hombres y encima le quedó tiempo de sobra para leer un libro de Borges mientras te esperaba.

    ‘¿Por qué tardaste tanto?’,  te pregunta el idiota.

   ‘Había mucha cola’,  te limitas a decir.

   Y esta es la razón por la que las mujeres vamos en grupo al baño, por solidaridad, ya que una te aguanta el bolso y el abrigo, la otra te sujeta la puerta, otra te pasa el kleenex por debajo de la puerta y así es mucho más sencillo y rápido ya que una solo tiene que concentrarse en mantener ‘la posición’ y la dignidad.

   ¡¡¡Gracias a Todas por Haberme Acompañado alguna vez al Baño y servirme de Perchero o tenedora de Puerta!!!…

……

   Dios mío, pero cuánto trabajo. Definitivamente, para nosotros es muchísimo más fácil. Estamos de pie frente a un largo orinal, lo sacamos, apuntamos y ya. La posición clásica se adopta, claro. Miraba baja, vigilando lo tuyo, la otra mano en la pared como sosteniéndola, para cortar visibilidad de ese lado, no vaya alguien a creer que estamos mirando. Si son conocidos que coinciden (los hombres no vamos juntos al baño, no vamos a estar tomando en una mesa y decirle a otro “vamos al baño, amigo”), se comenta algo, pero sin mirar (y en casos de accidentes nos hacemos los locos y ni bajo tortura confesamos que vimos algo). Cuando se trata de desconocidos sólo se oye el agua, la orinada y una que otra respiración o tos. Del resto, nada. O muy poco. Todo es rápido e indoloro.

Julio César.

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