ESCALOSFRÍOS

el-amo

   -¿Qué quién soy yo? ¡Ha-ha-ha-ha…!

    De toda la literatura ligera, sin que se tome como ofensa (nada más lejos de mi ánimo), uno que ocupa lugar central es el horror y el terror, dos géneros muy parecidos aunque con ligeros matices. Ficción, policiales y comedia también son buenas, por no hablar de las historias subidas de tono que acaparan la atención, pero el horror es básico. Nos encanta leer sobre la mujer que corre aterrada y cae lastimándose, que grita y lloriquea mientras el ser tenebroso se acerca; nos gusta saber del sujeto que sabe que el monstruo está detrás, que intenta escapar y no puede, que cae y se fractura una pierna pero aún así debe intentar escapar, mordiéndose los labios ante el lacerante dolor. Hace tiempo, no recuerdo el título, leí un cuento muy corto así; un hombre aterrado ante un viajero que entra a su negocio, viajero que se descuida por un segundo y el héroe descubre que es el mismísimo Diablo, y teme que este se de cuenta de su descubrimiento. Fue muy bueno. Vemos este:

……

UN CUENTO DE TERROR

Luís Alberto Sinsel

   Y ahora aquí, a dos metros bajo tierra dentro de un cajón transparente de plástico, encadenado de pies y manos con los ojos vendados y además semidesnudo, ya sólo me queda esperar mi lenta, asfixiante y desesperante muerte; ya sólo me queda esperar que termine esta agonía que empezó en el momento en que nací…

   Recuerdo que esto empezó un día como cualquier otro en el que estaba mendingando, no había comido por tres días, no tenía ni una gota de alcohol y para rematar, un grupo de muchachos con ropas elegantes y con miradas llenas de odio hacia toda la miseria que yo representaba, se divirtieron conmigo al ponerme una golpiza.

   Recuerdo que en ese momento más que nunca había pensado en el suicidio; en terminar mi amarga existencia por cualquier medio. Me decidí aventarme a las vías del metro, llegué a la estación, me sentía tan acabado, tan derrotado, tan desanimado que no sé si me desmayé o me quedé simplemente dormido ahí.

   Entre sueños recuerdo haber visto una sombra que se deslizaba por el piso hacia mis despojos, traté de encontrar qué era lo que la producía mas nunca pude, cuando de pronto, de esa sombra inexplicablemente emergió una persona demacrada; una persona con cara de que tenía la enfermedad más terrible que te pudieras imaginar, pero a pesar de eso, irradiaba una energía que me provocó el escalofrío más intenso jamás antes sentido. Un instante después, completamente despierto, sentí un sentimiento tan intenso como de desolación, angustia y terror juntos hacia esa persona, que me dio una taquicardia hasta llegar al punto de pensar que ahí mismo moriría por un infarto.

   Un instante después de que esas emociones formaron parte de mí, llegué a la conclusión de que aquella persona era la encarnación de todo lo que está mal en el mundo o como infantilmente se le llama “el Diablo”, de pronto esta, realmente no sé cómo llamarle, con una voz en la que se escuchaban como niños que reían y cerdos que gemían lastimosamente al mismo tiempo; una voz que se escuchaba con la misma intensidad de un grito pero con un sonido más bajo que él mismo me dirigió la palabra, y lo que este demonio me dijo lo recuerdo tan claramente como el hecho de saber caminar y es lo siguiente:

   -Tú, basura inmunda, ¿dónde ha estado todo este tiempo tu dios?, ¿cuándo te ha ayudado? Yo te ayudaré, te haré inmortal 7 veces, pero a cambio usarás parte del dinero que ganes para destruir, matar y enviciar a todos los materialistas e interesados que estén a tu alrededor.

   Medité la propuesta, vi que no tenía nada que perder, además al recordar a aquellos que me golpearon sentí que le iba a devolver a la sociedad todo lo que me había dado.

   Lo último que recuerdo fue una gran sonrisa de burla, satisfacción y maldad impresa en su rostro antes de que se desvaneciera…

   Al siguiente día me levanté como nuevo, las cosas se daban fácilmente, pronto me uní a un grupo de personas que daban shows extremos, de esos que les gustan a la gente morbosa, y al aprovechar mis múltiples “vidas” gané una gran cantidad de dinero fácilmente y, como dice el trato, destruí hogares, induje al vicio a mucha gente y pervertí conciencias sin remordimiento alguno.

   En estos shows me mataban de muchas formas, no me escapaba del dolor, pero podía más mi avaricia que el dolor o el remordimiento. Me hicieron de todo, me dieron un balazo en el pecho y me levantaba; me tiré desde un cuarto piso y me levantaba; me senté en una silla eléctrica y me levantaba; me tiraron con un cañón antiguo al cuerpo y me levantaba; me tomé un litro de cloro y me levantaba; me inyectaron aire y me levantaba, en todo esto la gente sólo pagaba y disfrutaba sin saber que de verdad moría y revivía inmediatamente en cada acto.

   La riqueza la disfruté como nunca antes en mi vida, y se me ocurrió que podía hacer otro acto más para retirarme con mi dinero y disfrutarlo el resto de mi vida. Fue cuando me propusieron meterme en una caja y enterrarme bajo tierra por un par de horas…

   En el momento en el que me bajaron y me estaban cubriendo con la tierra escuché de nuevo la inolvidable voz que me dijo:

   -Estúpida basura inmunda, no volverás a revivir, no supiste que después de que hablaste conmigo fue tu primera resurrección, es por eso que te sentiste tan bien.

   Después de escuchar esa fatídica noticia me entró una enorme angustia, maldije a todo el mundo, preferí haberme suicidado esa noche, recordé su maldita sonrisa, me sentí humillado y usado, me arrepentí de mis actos…

   Y ahora aquí, a dos metros bajo tierra dentro de un cajón transparente de plástico, encadenado de pies y manos con los ojos vendados y además semidesnudo, ya sólo me queda esperar mi lenta, asfixiante y desesperante muerte; ya sólo me queda esperar que termine esta agonía que empezó en el momento en que nací…

……

   Bueno, ¿verdad? (aunque el título…). Y tan simple, una oferta maravillosa para conseguir no sólo todo eso de lo que se careció, sino la oportunidad de obtenerlo lastimando y destruyendo a otros, a esos que “te deben algo”. Un trato simple… con una trampa casi encubierta, un hecho pequeño y aislado que al final hace la diferencia. Así lo imagino yo, al Diablo, malvado, riente, cruel; pero sobretodo infernal, porqué Él sabe, desde el principio, lo que ocurrirá. Cuando hace su propuesta ya sabe cómo terminará todo; seguro lo tiene escrito sobre el portón de entrada al Averno, en letras de oro: “Al final cada quien tendrá lo que merece”. Él es así, el gran mentiroso, el gran embaucador, el enemigo del hombre, el que dirige la lotería, el que reparte números en una pirámide, carcajeando para sus adentros de la ceguera que la codicia provoca en sus clientes. Seguramente eso es lo que le hace reír de forma tan contagiosa. Hay que tener cuidado, para hacer un trato se necesita un buen abogado, pero como todos le deben hasta el saludo, ni de ellos podemos fiarnos.

Julio César.

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