COREY HAIM, UN DÍA TODO, AL OTRO NADA…

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   Y hasta guapetón es el condenado.

   Hay personas que parecen nacer enmantillados. La suerte les sonríe, a veces de forma exagerada (como piensa uno el mortal común), como pasó con este joven que antes de cumplir los catorce años protagonizó un film que lo catapultó a la fama en Hollywood, LUCAS, a mediados de los ochenta. Con este, y la de los jóvenes vampiros LOST BOYS, que fue mala, se convirtió en una estrella. De pronto era tan sólo un muchacho asediado por féminas, y no todas muchachas; un joven al que llamaban ‘señor Haim’ en el set, que creció escuchando que era grande, una maravilla y al que se debía mantener contento siempre porque era importante. Declarado por él, a los catorce conoció la marihuana, a los quince la cocaína. Más tarde el crack, la heroína y luego haría su aparición las pastillas, drogas legales, siendo el valium el menos peligroso de las peligrosas drogas consumidas por el actor.

   Su adicción terminó con su carrera, le era imposible concentrarse, ser puntual o aprenderse los libretos. Mil veces intentó superar su adicción pero esta era más fuerte que él. A finales de los noventa, cuando ya el mundo lo había olvidado, comenzó a salir con una modelo flaca, pálida y bonita, y parecían enamorados, hasta que esta declaró que en un arrebato de ira Corey la atacó, golpeándola contra un auto, y que sangrando ella misma tuvo que conducir a un hospital, y que le ‘prestó’ dinero para un trabajo, pero que en verdad era el precio que pagaba para librarse de él.

   Yo escuchaba todo eso y me daba cierta pena, y rabia. Es obvio (como dijo su propio padre) que era un problema suyo, una debilidad de carácter que lo destruyó de la peor manera, porque fue algo que buscó. El programa, en el canal E!, fue muy completo. Entrevistaron a uno de esos prestamistas usureros norteamericanos (que en toda película sirven como compradores de cosas robadas), y mostró un video de un hombre demacrado (todavía parecía un muchacho aunque ya estaba en la treintena), que le pareció ebrio, que hablaba abotargado y miraba en todo momento hacia el techo; y que era él, Corey Haim, lo reconoció como uno de sus antiguos ídolos de niñez. Estaba empeñando un anillo que iba a regalarle a la modelo, costaba trecientos dólares y lo empeñó en 65, porque “necesitaba comprar algo en la farmacia”. Lo triste vino cuando el tipo contó, que más o menos una hora después, Corey regresó, mendigando tres dólares para comprar un pedazo de pizza porque tenía hambre. El hombre dijo que sintió lastima y lo ayudó.

   Qué terrible, ¿verdad? Y todavía hay idiotas que creen que las drogas no son peligrosas. Aparentemente Corey Haim, asistido por amigos, ha buscado ayuda. Parece mantenerse en regla. Ojalá. Y ojalá tenga un día un gran regreso como tantos otros que han logrado recuperarse, ahí está el caso de Robert Downey Jr.

Julio César.

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