EL EXPEDIENTE ANWAR, QUÉ FRÍO!

   Al menos se conocieron estos dos…

   Debo comenzar recordándole a todos que soy un fan de nuestro amigo Jake Gyllenhaal, y aclarando que cuando vi las promociones de esta cinta no estaba muy seguro de si deseaba verla. Se promocionaba como si Jake fuera un cruel agente de la CIA, capaz de cualquier bajeza y crueldad para conseguir un fin. No me siento cómodo viendo a actores y actrices queridos haciendo de villanos. Me pasó con Harrison Ford (Indiana Jones) en REVELACIONES. Odié la cinta. Aunque no me pasa cuando el villano es de fantasía, como Heath Ledger con su Guasón, o Uma Thurman con esa comiquita  de villana, Hiedra Venenosa, en Batman y Robin.

   Sin embargo alquilé la cinta y la vi. Y puedo decir de todo corazón que no me gustó, desde mi punto de vista, no tuvo nada de especial, parecía más bien un relleno de temporada; tampoco me gustó que Jake estuviera en ella. El tema era muy actual, el terrorismo, el fanatismo de gente que es enviada a la muerte cargada de explosivos para gloria de otros. Me gustó la denuncia contra los métodos de la CIA para obtener confesiones, aunque en este caso fuera por mampuesto, enviando a un sospechoso a una prisión de un país del tercer mundo, aliado, dejándoles las manos libres a sus carceleros para que lo hagan hablar. La Ley Patriota fue un horror necesario en Estados Unidos nacida de la caída de las Torres Gemelas, pero terrible de todas maneras. Las leyes, la letra, no garantiza que enfermos y aberrados no se cuelen para utilizarlas para su goce perverso, sea torturar, oír gritos (como le encantaba al Che), o matar o deshacerse de enemigos reales o figurados.

   La cinta nos presenta al principio al ingeniero egipcio, Anwar El-Ibrahimi (Omar Metwally) en negocios por el medio Oriente, y a Douglas Freeman (Jake Gyllenhaal), como un joven agente de la CIA en ese país del tercer mundo. Ocurre una explosión, un atentado que deja muchos daños y muertos, incluido un superior de la CIA, dejando a cargo de todo a Douglas. Por razones de sospechas y prejuicios, se detiene, llegado ya a Estados Unidos en pleno aeropuerto, a Anwar; se le monta, raptado, en un avión enviándolo a ese país. Allí lo encierran en una prisión tipo militar, en un hueco horrible, dejándosele desnudo, humillado y golpeado. A Douglas se le encomienda que descubra sus motivos, cómplices, alianzas y futuros objetivos, para eso debe dejar actuar al carcelero. Debe presenciar el brutal interrogatorio, y comienza a cuestionar todo el proceso.

   Por su parte, Isabella El-Ibrahimi (Reese Witherspoon), se alarma ante la desaparición de su marido, nadie quiere decirle nada, todo se encumbre con un velo de la Seguridad Nacional, pero ella termina descubriendo que lo secuestraron y enviaron a otro país. Ayudada por un viejo amigo, Alan Smith (Peter Sarsgaard), ayudante de un senador de los Estados Unidos, intenta buscar respuestas, pero todo se estrella contra Corrinne Whitman (Meryl Streep), la dura directora de de la División Antiterrorismo de la CIA. Nada consigue. Paralelamente observamos como se gesta un atentado contra ese importante agente de seguridad, el carcelero, donde los terroristas hacen contacto con su hija, y esta se enamora de uno de los futuros mártires, precisamente el que va a matar al papá, sin sospechar que son extremistas.

   ¿Quieren un resumen corto? Isabella El-Ibrahimi (Reese Witherspoon), no logra nada de las agencias del Gobierno y cae, entre llantos y desesperación, a punto de parir. El policía árabe busca a la hija que anda desaparecida y no la encuentra; Douglas Freeman (Jake Gyllenhaal),  se convence de la inocencia de Anwar El-Ibrahimi (Omar Metwally), quien, en una de las pocas escenas rescatables, todo lloroso confiese que sí es un terrorista y da una serie de nombres, adolorido, agotado y destrozado por los abusos. Douglas busca luego y descubre que esos nombres de ‘cómplices’ pertenecen a un equipo de fútbol egipcio que participó en un Mundial cuando Anwar era un muchacho y abandonaba Egipto para ir a vivir a los Estados Unidos. Fue… un detallazo, en esos momentos de dolor, cuando no quiere que lo sigan martirizando (si a uno lo torturan lo suficiente termina diciendo hasta lo que no es para que lo dejen en paz), ese hombre confiesa lo que sea para que paren las manos que la lastiman, y con su cerebro en tensión sólo puede recordar los nombres de aquellos que pudieron ser héroes para él cuando era un muchacho, los miembros de un equipo de fútbol.

   Moviéndose contra las opiniones de todos, Douglas logra una orden de libertad para Anwar, y lo saca casi a escondidas de la prisión y del país. La CIA quiere que pare, que se detenga, pero él no cesa hasta montarlo en un navío que se echa a la mar. El hombre vuelve con su esposa, hay una denuncia pública y Corrinne Whitman (Meryl Streep), cae en desgracia, y el cruel policía descubre la verdad sobre su hija, y es allí otro de los pocos momentos buenos de la trama. Que son realmente pocos. Como ya dije, no me gustó para nada esta película.

   Está bien la denuncia de métodos y prácticas aberrantes en las investigaciones gubernamentales, pero la cinta fue llevada con demasiada lentitud y falta total de suspenso y emoción. Jake no es un Jack Bauer que se sumerge en la prisión y arranca al prisionero de manos de sus carceleros, no hay una persecución, no intentan detenerlo o golpearlo, ni hay un heroico y peligroso escape donde Anwar muera (como hubiera sido si Jack Bauer dirige la acción, acompañar a ese sujeto es un peligro). Sólo cuando va a sacarlo de prisión, un guardia le cierra el paso, y Jake Gyllenhaal (porque es él en ese momento) lo mira con esos ojotes, y el tipo se aparta (bueno, hay que reconocer que tiene ese encanto, ¿quién lo lastimaría?). Igual ocurre cuando busca que alguien firme la boleta de libertad, el encargado duda, pero él lo mira y el otro cede.

   En líneas generales, nuestro muchacho estuvo como desganado, frío. No se lució, al menos actoralmente. Reese tampoco convenció, intentó averiguar, saber, pero se conformó. Uno imaginaba que armaría un escándalo, que arrastraría a CNN y al Washington Post tras ella, pero nada. El atentado contra el policía era traído por los pelos, un joven terrorista contacta a la hija, se enamoran y piensa utilizarla contra él, pero ¿acaso esas posibilidades no son tomadas en cuenta por gente como él? ¿Cómo pueda la hija de un gran cacao gubernamental estudiar con el hermano de un ya martirizado fanático muerto? ¿Cómo nadie averiguó, cómo nadie supo? Me gustaría creer que en Israel, por ejemplo, no ocurren esas ligerezas.

   ¿Rescatable de la cinta? Personalmente veo tres cosas, y una es totalmente subjetiva. Esta es que fue grato ver trabajando a Jake Gyllenhaal, uno lo miraba y recordaba todos sus anteriores personajes, siempre de tipo ‘adorable’. Aquí se veía bien, en esa cama o sentado sin camisa en el baño al lado de esa bellaza que uno no sabía si era árabe o israelí, sospechando en esas primeras de cambio o que él podía ser un doble agente, o ella. Se veía (sé que suena extraño decirlo) ‘lindo’. De hecho uno de los parlamentos de la directora de la agencia Antiterrorista cuando quiere saber quién maneja lo del atentado, al ver su foto, dice: “¿Él está a cargo? ¿Qué edad tiene, doce?”.

   Lo segundo fue el juego en dos tiempos que se hizo de la película, habían dos historias contándose como en circulo, y cada una giraba en sentido contrario, teniéndose que encontrar las dos en un punto. Ya ha pasado tiempo así que lo diré, el atentado donde muere el superior de Jake, es perpetrado por el novio de la hija del policía. Cuando la película comienza, parece que el policía está buscándola y que ella se escapó con el muchacho, quién planea el ataque, pero eso ya ha ocurrido, cuando el hombre llega al lugar donde su hija estuvo, encuentra a la mamá del muchacho llorando por su hijo. Realmente no sentí simpatía por ese romance, me parece que una jovencita de tal país, con tal realidad, debió tener más sentido común y ser menos insensata. Quien no oye a sus padres…

   Pero lo mejor de todo fue Corrinne Whitman (Meryl Streep). Estuvo en su punto, como siempre. Sus actuaciones fueron relativamente pocas, pero fue convincente. Desde el momento que despierta al lado del marido, alejándose para que ni este escuche lo que es confidencial, hasta el momento que da carta blanca al rapto y ordena que se obtengan resultados como sea, o encara a Reese y al ayudante del senador haciéndolos sentir nada, estuvo increíble. Un pensaba: vaya perra. Se le odió en seguida. Recuerdo que una amiga me comentó que debió sufrir más al final, ser detenida y encarcelada. Sin embargo, creo que fue la única que cumplió. Y es que ella es así, así sea en un musical (inspirado en canciones del grupo ABBA, dicen que está genial), entregando su hija a los nazis para salvar al niño (LA DECISIÓN DE SOFÍA), o como la malvada y envidiosa amiga en LA MUERTE LE SIENTA BIEN. Ella cumple porque convence, y realmente fue una de las pocas. Aunque Omar Metwally, el ‘egipcio’ raptado, también lo hizo muy bien.

   Me apena decirlo, pero no fue esta realmente una buena película para Jake.

Julio César.

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