REPORTERA DEL CRIMEN

   Como fanático de la televisión que era, me encantaba, ahora únicamente veo las Escenas del Crimen (SCI), NCIS y una que otras, una serie que recuerdo con especial afecto era una transmitida todos los miércoles en la noche por VENEZOLANA DE TELEVISIÓN, cuando era un canal informativo del Estado, antes de convertirse en lo que es ahora, el canal del Gobierno y del partido de Gobierno. Esa serie era la REPORTERA DEL CRIMEN (Morder, She Wrote). Viendo a aquella anciana de porte robusto, de rostro no muy dulcito que digamos, uno no podía imaginar que dicho serial fuera tan bueno. A los ojos perspicaces de esta mujer, por no decir de su inteligencia (cosas de los guionistas), no escapaba nada. No sólo los movimientos de un criminal en potencia, sino toda clase de situaciones extrañas, resultando jocosa muchas veces. Viviendo en un pequeño y pacifico pueblito, uno se  sorprendía de que ocurrieran tantos crímenes y no se pidiera una junta comunal para hacer averiguaciones.

   No muy lejana a los tiempos de Columbo, el genial y despistado detective, era mejor porque no tardaba más de una hora en resolver sus casos; Columbo, con más duración, se hacía algo fastidioso. Pero más importante, ella señalaba las pruebas, las pisadas, las manchas, las cenizas, el pañuelo caído que guiaba hacia el criminal. Columbo los atrapaba de forma un tanto forzada, fuera de que uno sabía quién era el criminal, con la Reportera no se sabía y se mantenía el suspenso. Lo del pueblito, y lo de la acuciosa ancianita parecen recursos tomados de los libros de Ágatha Christie, en la figura de Miss Marple, quien notaba todo lo malo que ocurría por el simple procedimiento de pensar mal de todo el mundo sin confiarse jamás en lo que le decían. Jessica, nuestra madura heroína, no, ella realizaba una verdadera tarea de racionamiento y deducción. A mí me encantaba porque jugaban limpio, te iban presentado las piezas una a una, para que se fuera armando el rompecabezas; pero televisión al fin, se las arreglaban para sorprenderte.

   La protagonista era una vieja profesora de inglés retirada, Jessica Fletcher (interpretado por la actriz Ángela Lansbury, a quien recuerdo también de una muy vieja película que también amo, Sansón y Dalilah), viuda recientemente, a quien le da por escribir novelas de intriga y suspenso, triunfando, y que reside en el pueblito de Cabot Cove, ubicado en el estado de Maine (con este estado pasa algo raro, todas las pesadillas de Stephen King parecen ocurrir allí). En dicho lugar, o en cualquier otro donde llegaba de visita o a promocionar sus libros, ocurrían asesinatos donde se veía en primera fila, lanzándose a la investigación. Recuerdo que el primer capítulo se llamó EL ASESINATO DE SHERLOCK HOLMES, que fue apasionante. La serie tuvo varias temporadas, la señora Lansbury llegó a ser realmente reconocida mundialmente con este personaje, y lo merecía. Verla observando los detalles, reparando en las notas discordantes con un fruncir de cejas (ahí te daban claves), razonando, no resultaba pesado. Fijándose bien, era posible descifrar el enigma, aunque no muchas veces los motivos.

   De los miércoles en las noches, ella era lo mejorcito. Recuerdo un capítulo donde un viudo la asediaba, casi asustándola, y una amiga hacía todo lo posible por juntarlos; igualmente hubo el caso de un joven que parecía prendado de ella. Sus aventuras eran interesantes, también algo ingenuas viendo lo que hay ahora. Nunca luchó contra el terrorismo o el extremismo, no utilizó el ADN ni cámaras en semáforos; no hubo efectos de luchas, persecuciones o especiales. Pero ella lograba cautivar su audiencia cada semana, con clase, con inteligencia. Ella, la reportera del crimen, gustaba. Pero siempre me extrañaron dos cosas sobre ella: ¿por qué nunca la eligieron como sheriff del pueblo si era quien terminaba atrapando al malo?, y ¿por qué la gente la invitaba a tal o cual sitio o evento, acaso no notaban que donde iba había un asesinato? A mi modo de ver, probablemente, era ella quien provocaba esas malas ideas, los criminales se decían: voy a intentarlo para ver si la engaño.

Julio César.

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